La tersura de sus labios,
la voracidad de su lengua
y el vaho viajando en besos…

Ojos cerrados, sueños encubiertos
y una piel transgrediendo
un cuerpo ajeno…
Manos dibujando deseos etéreos
en hegemonía con el universo…
Estallan ecos
en la explosión inquirida en suspiros,
en jadeos,
en la pérdida del sentido,
del instinto, el mareo.
En ese suave candor.
En el estupor del sudor.
En ese breve momento,
ese corto instante…
en que unidos de las bocas,
nos hacemos inmortales.
Nos volvemos frágiles…
Pero eternos… Inmortales.
Inmortales.
Inmortales…

By David Ortega

-D.

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