By Cesia Carrillo Clemente.

La forma en que nos proyectamos como mexicanos hacia los demás países, la forma en que nos ven y la forma en que nosotros como mexicanos vemos a nuestros compatriotas tiene que ver con la manera en que cada individuo piensa.

La pregunta es ¿México, es lo que mismo que mexicano? México es un país con un territorio rico en flora y fauna, es la extensión de inmensa cultura y distinción en una gastronomía popular en todo el mundo; un semillero de líderes y de una historia prominente. Según una canción popular, es un pueblo bendito de Dios.

México-mexicanos
                                                   ¡Viva México!

Los mexicanos somos parte de esta nación. Sé que suena irónico. Pero quizá si nos adentramos más en tal pensamiento, podremos darle más valor al ser mexicano. De ello, parte ser congruentes y no contrapuntear a otro que ha sido bendecido en nacer en esta parte del planeta.

Una forma en que nos proyectamos es a través de la cultura popular mexicana, a través de ese ícono del ranchero mexicano que se encentra en cuclillas, con la cabeza abajo, tapada por el sombrero, con una botella de tequila en su mano. Para nosotros es algo “cultural”; sin embargo, esa idea se ha ido adoptando por muchos años y, sin llegar a generalizarse, es la imagen que proyectamos hacia otros países, aunque no seamos sólo eso.

El humor de nosotros como mexicanos llega a ser una virtud, pues muchas ocasiones  somos los mayores críticos de lo que sucede en nuestro territorio, además de burlistas en todas las circunstancias y esto hace que los tragos amargos los pasemos con alegría. En México la muerte se toma con humor; los problemas con los líderes políticos, se convierten en una fiesta. Pero, esa virtud en muchas ocasiones nos destroza, ya que, repito, pasamos los tragos amargos con alegría, aunque en muchas o todas las ocasiones los problemas no se arreglen así.

Somos esa gente que ha cedido la capacidad de pensar, dejándose manipular por los medios de comunicación que, en ocasiones, en conjunto con algunos líderes políticos, confabulan para hacer realidad esa frase dicha por Maquiavelo: “Al pueblo, pan y circo”. El resultado de este teatro provoca que la mente de nosotros se anestesie frente a toda problemática en nuestro país y pensemos que la política es una porquería, prefiriendo  celebrar la vida reflejada  a través de una telenovela o en reality show, donde la pornografía se ve normal y las palabras soeces se creen como parte del folklor, cuando la realidad es que hemos dejado en manos de malos líderes políticos las decisiones de nuestro país.

Somos ese pueblo que ha convertido en una ofensa el decir “Pareces indio” “pareces totonaca”. Por ejemplo,  nos embelesemos con las pirámides de Egipto y creemos más interesante la mitología griega por la proyección que han tenido en la pantalla grande; sin embargo, el origen de nuestro país, su riqueza como parte de antiguas civilizaciones, además de los conocimientos aportados como el calendario, el sistema numérico y demás, son menoscabados, principalmente por nosotros.

Esto es un problema de identidad. Somos mexicanos, jugando a querer ser franceses; hombres buscando un amor con rusas porque son más bonitas, las mujeres buscando salir del país para tener mejores ingresos, por complejos como portar todo tipo de marcas “gringas” o extranjeras para sentirse “chic” y sintiendo prestigio por tomar café en el lugar más caro de la ciudad. Compartiendo memes que proyectan a México como “naco” o burlándonos de alguien que tiene cara de “Indio”. Pero el problema no sólo es la falta de identidad; es que fingimos todo ello, pero no somos eso. No somos lo que usamos, no somos con quiénes salimos, no somos lo qué hacemos, no somos Estados Unidos de América.

Si conociéramos nuestra identidad y si cada persona en este país comprendiéramos lo que otros países vieron en este territorio hace más de 200 años al querer saquear nuestras tierras, tener identidad sería todo un orgullo. Un orgullo fundamentado, como aparecía en las actas de nacimiento después de la Independencia de México: “Nacer mexicano es más que un privilegio”.

Quiero terminar reiterando que, cuando definamos nuestra identidad, tendremos en mente el respeto por el semejante nacido en este territorio bendito de Dios. Y que al observar la crisis de nuestro país o cualquier situación, la identidad, que en parte es plasmada en la letra de nuestro glorioso Himno Nacional, hará mella y entonces lucharemos por nuestra tierra, por México.

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