By: David Ortega 

Caminaba adverso en los recovecos de tu cuerpo,
sin darme cuenta que mis palabras
se desvanecían en tu dulce mirada,
en esa obscuridad, en la tierna nada…

Unos pasos, breves, disimulados…en mi almohada
cimbraron la nocturna fragancia,
el eco de tu sombra se desplaza por mis dedos
arena… cálida..risueña…solo un rumor de recuerdos.

En aquel estertor terrible e infame
los fantasmas de mi habitación cerrada
abren de un tajo la ventana de tu existencia
despertando entretanto por el albor carmesí de tu ausencia…

Es entonces…y solo entonces, que respiro una bocanada;
alzando la mirada impávido, cubierto con la sábana
el cadáver frío de una bella dama, anegando mi cama…
acariciada cien veces por el gélido filo de una daga,
nebuloso y atormentado, se hunde aquel brillo en mi corazón marchitado…

-D.
marzo 2013

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